Mostrando entradas con la etiqueta tristeza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tristeza. Mostrar todas las entradas

descripción de la tristeza (primer intento)

intentando explicar lo inexplicable
las palabras saltan, graciosas, riéndose de mi
y es que la tristeza es tan suprema
y tan callada
que no va a decir, no puede
y si ella no puede yo menos

porque intento explicarla
decirla, pintarla
abrirla, expresarla
tristeza milenaria
¿en uno, diez, cien, miles de corazones?
¿o es que solo encontró refugio aquí?
¿se va a quedar para siempre?

a ver, como lo digo
¿cómo lo pienso? no, no lo pienso
cómo lo siento

especie de hueco en la caja torácica
al vacío
presión por debajo de la garganta
desde adentro
conexión directa con los ojos

como si una enredadera de flores negras
fuera a salirse por ellos
para cubrirlo todo, muy quieta

podarla... ¿con las propias manos?
no, ellas también están cubiertas
¿va a perdonarme el destino por no poder?
¿la vida? ¿va a perdonarme?

¿es que alguien podrá cortarla?
¿es que voy yo a perdonarme?

y a veces me enojo con el mundo
¿cómo lo digo? ¿quién querrá saberlo?
¿y para qué? si no tiene arreglo

esta tristeza que me tiene maniatada
desde el comienzo de la memoria, aletargada
por momentos dejándome correr
para reirse de mi y atraerme nuevamente
es como un mar de ácido que viene y va a mis pies
como dándome tregua para que corra
pero él sabe muy bien que no me alejo
sabe que no puedo alejarme

¿es cobardía? ¿resignación?
¿certeza de fatalidad? ¿parálisis?
a través de letras la recuerdo
año tras año sin poder exorcisarla
y es que da tregua pero vuelve

es una pala cavando profundo
se siente el frío metal en el estómago

y no hay lágrimas que la apaciguen
no salen, no saltan
salen hojas, sapos, barro
el aire se pudre de adentro hacia afuera
pero no hay lágrimas, no hay lágrimas

admiro mucho a quienes lloran las penas
a quienes las cantan
y sé que esto es sólo un relato pero no es expresión de ella
ella, mi tristeza hasta casi querida
compañera eterna, mi tristeza

¿como podría contarla? ni comparando
una enredadera, una pala, un hueco
pobre tristeza tan mal representada
pobre tristeza, se muere de tristeza

Vómito existencialista

es que nuestra esencia será realmente esta?
o estaremos ausentes para sobrevivir?

porque si voy por la calle y los veo
y me miran pero no me ven
no puedo vivir así, no puedo
mirando sin ver para sobrevivir

la lluvia y el sol me tocan, lo siento
no puedo fingir para no caer
hay alguien que grita, es casi un lamento
es la realidad
que me viene a buscar

es que vamos a estar siempre así? fingiendo?
es que solo yo lo veo?
como pueden vivir así? como pueden?
como pueden amanecer un día más
sin preguntar, SIN PREGUNTARSE?
por qué
para qué
por cuánto tiempo más
cuál es la razon, el fin
hay una razón?
para qué
para qué
no puedo caminar
no puedo respirar
sin que las preguntas me inunden
soy solo yo??? hay alguien más?

porque si voy por la calle y los veo
y me miran pero no me ven
no puedo vivir así, no puedo
mirando sin ver para sobrevivir

hasta cuándo ausentes?
es que siempre vamos a estar ausentes?

Pequeño listadito de observaciones al margen IV

- Confesore y yo estamos en paz. ¿Estarán llegando realmente los días lindos?... Hoy a pesar de que anunciaban lluvia, dejé decididamente el paraguas en casa. Y no me equivoqué. Confe, te quiero.

- Hasta yo misma me sorprendo a veces...
Hace media hora me dejó un mensaje mi jefe. Preguntándome si tenía para pasarle el teléfono del intendente de Maldonado -Uruguay-.
Yo, media dormida, pensé por Diosss demencial!! por qué habría yo de tener el teléfono de semejante personaje???
Lo cierto es que abrí la palm. Y miré por las dudas...
Créase o no... pero tengo el teléfono del intendente de Maldonado, Uruguay! -y hasta su celular incluso-
Qué locura... -aclaro que soy periodista, no es que lo tenga porque es amigo mío! pero igual... demencial-

- Esa maldita cosa siciliana
Los que me conocen saben que soy super tranquila. Risueña. Que por lo general me estoy riendo, o simplemente volando en una nube de pedo, contando siempre chistes malos. Ah, pero cuando me enojo... Me voy de mí.
Supongo que es la tanada que traigo in sangre. No sé qué es.
Pero me vuelvo un torbellino con piernas. Irreflenable. Cuando realmente me enojo puedo hacer CUALQUIER cosa. Soy una tromba. No dejo nada a mi paso.
Siento la furia correr por adentro y confieso que... hasta me resulta placentero! lo cual es doblemente peligroso.
Pero no lo puedo controlar, no puedo. Y eso también me asusta.
No tengo grises, sólo blanco y negro.
Y el negro es... renegrido!!!
Hoy lo comprobé nuevamente en el trabajo. Creo que si el mismísimo dueño de la empresa hubiera estado delante mío, no hubiera dudado un instante en meterle una super patada voladora en la cabeza, al mejor estilo "Los Ángeles de Charly". Ojo, tenía razón, no era simple berriche.
Pero cuando volví me di cuenta de que es algo incontrolable, y de que mi furia podría haber dicho y hecho cosas horribles por mí...
Habrá forma de cambiar esto???

- Un sueño
Anoche no dormí en toda la noche. Di mil vueltas en la cama.
Me dormí recién como a las 2.30. Y a las cuatro, me desperté boca arriba.
Y sintiendo -demasiado real- que alguien me estaba abrazando. Pero no veía a nadie.
Sentía unos brazos alrededor de mis hombros, y una cabeza junto a la mía... era tan real!!! me paralizó el miedo.
Quién es??? me pregunté -no sé si en voz alta...-
Y la voz de mi abuela respondió: "es tu abuelo".
Eran las cuatro. No pude dormir más. De golpe dejé de sentirlo.
Yo no soy creyente ni nada por el estilo... pero realmente fue tan real que...
Nah, seguro fue un sueño...
No pude volver a dormir. A las 4.30 me levanté. Mi abuela descansaba apaciblemente en su habitación.

- Y cantando...
Una canción. Hermosa. La pongo acá abajo. Es de la banda de sonido de CLOSER, una peli muy interesante que alguna vez ví en el cine... que la disfruten.

Podrían por favor decirme...

...si realmente están leyendo esto?
¿Si están acá? ¿si hay indicios de que yo estoy acá??
A veces siento que la gente no me ve...
realmente siento que soy INVISIBLE...

Historia de Amor (Parte I)

Era un amor de esos que te sacan los zapatos. No de los que sacuden las paredes y dan ganas de gritar, un amor de esos que te saquean la mente minuto a minuto, un amor de esos que crean una mano invisible que te aprieta el corazón sin piedad, a cada momento.
Era un amor de esos de todos los días, los lunes y martes para mirarse, los miércoles y jueves en las caricias, los viernes en la sonrisa, los sábados en el sexo y el abrazo, y los domingos de descanso cuerpo a cuerpo.
Era un amor de muchos años, era un amor invertebrado, era un amor de caja musical con bailarina, era un amor de biblioteca y café caliente. Era un amor de abrazos infinitos, de miradas que todo lo decían, de pantuflas y bata y de paseos de feriado.
Era mi primera verdad. Era mi única verdad. Era mi apoyo, mi sostén. Era mi futuro y mi matriz.
Era un amor tan fuerte que me hacía llorar. Al terminar de hacer el amor, sobre su espalda dormida...
Porque sabía
sabía
que era un amor infinito
pero tenía final.
Dolía la verdad. Todo era amor y alegría pero dolía la verdad oculta.
Era la verdad aun antes de ser.
Y un día... un día de agosto...
Un día de amargura en la boca…
Un día muy oscuro de sol radiante…
Me fui, simplemente me fui para siempre, caminando las calles que lo habían visto pasar, tan eterno y cierto.

Pequeño listadito de observaciones al margen

- Mi vieja aprendió a usar el messenger. Ahora tiene nick con frases. Le quiero hablar y se pone no disponible. Me tira zumbidos mientras trabajo. Y recién me mandó ese chanchito que baila por la pantalla, y me puso abajo "sos vos".

- Hace como cuatro días que no para de llover. Pisé 50 baldozas flojas. No uso paraguas. Ya no me importa -y tampoco me gusta-. Me recuerda a un cuento de Ray Bradbury...

- Cada vez que tomo un taxi esta semana me pasa algo.
Taxi 1: el conductor, a mitad de camino, me pregunta si creo en Jesús, e intenta evangelizarme.
Taxi 2: el conductor acaba de descubrir, evidentemente, el MP3. Me hace escuchar completo un cd con temas ochentosos que "le grabó su hermana". Por supuesto, no deja que termine ninguno, los va pasando rápido. Me mira por el espejo y dice: "y viste qué bueno, apretás el botón y el tema pasa! no hay que adelantar".
No tomo más taxis por lo menos hasta el lunes.

- Me olvido todos los días de comprar azúcar. Hace dos semanas que garroneo en el laburo. Ando con mi tacita en la mano robando sobrecitos, como si fuera pordiosera. La gente cree que soy una rata. Me ven aparecer, y esconden la azucarera.

- ¿Mencioné que llueve?

- Tengo que comprar café. Tengo que comprar café. Tengo que comprar café. De eso también me voy a olvidar. No da para garronear azúcar Y café.

- Confirmado: el sol se fue a Zárate. Con una valija. Dicen que no quiere volver.

- Pongo la canción Cheek to cheek una y otra vez. Primero canta Armstrong. Y yo hago la parte de Ella. Con un micrófono sin cable en la mano. Una y otra vez.
Heaven, Im in heaven
And my heart beats so that I can hardly speak
And I seem to find the happiness I seek
When were out together dancing cheek to cheek


- Me parece que Confesore me miente. Sí, lo que leen. El lunes me dijo que iba a llover hasta el jueves. El martes me dijo que hasta el viernes. Y así subversivamente. Hoy me dijo que va a llover hasta el domingo. ¿Mencioné el cuento de Ray Bradbury? Tengo miedo.

- Hoy estaba triste. Pero me mandaron el chiste que puse abajo. Y no pude parar de reírme.

..... (Realmente no sé cómo titular esto)

Está todo tranquilo. Y de golpe sube por la garganta. Primero es una tristeza tenue y sin motivo. Anida dentro del pecho. De a poco, suavemente. Y crece. Al rato se vuelve una bóveda inmensa, vacía de aire. Hace que los latidos del corazón resuenen fuerte, como en el fondo de una caverna. Y empiece a faltar el aire. Es una gran pelota, pero llena de vacío. Los latidos suben. Suben a la garganta. Resuenan entre las cuerdas vocales. Las piernas se aflojan. Los brazos penden. No quieren. La tristeza lo va tomando todo, como una plaga. Y es inexplicable. Hay algo malo que está pasando en algún lugar... el tema es no distinguir qué. Dan ganas de correr. Pero no hay aire. Dan ganas de acostarse. Posición fetal. Necesidad de refugio urgente. De calor. De estar con alguien. De que alguien hable. Sensación de que todo llega al final. Sensación de muerte inminente. Sensación de que alguien más está mal.
Duelen los brazos. El corazón galopa. La pena arde. Dicen que hay que respirar, encontrar el eje del cuerpo, anclarse a la tierra.
Imposible. Falta el aire. No hay aire. Horas así. Dos, tres, cuatro. ¿Hasta dónde?, la pregunta. Hasta cuándo. Tres, cuatro, cinco. Insostenible.
Solamente durmiendo se puede salir. Solamente. Correr para llegar a la cama. Acostarse. Pesa pesa pesa algo adentro. Pesa de más. No queda más aire. Suspirar hondo.
Dormir dormir dormir, el único escape. Aunque sea 20 minutos.
Y después abrir los ojos... inexplicablemente, todo volvió a la normalidad.

Nessun dorma...: murió en Italia el tenor Luciano Pavarotti


El cantante italiano Luciano Pavarotti, uno de los tenores más importantes del siglo XX, murió hoy a los 71 años en Módena, su ciudad natal, confirmó su representante Terri Robson.


Enfermo de cáncer, la salud del artista sufrió un marcado deterioro en las últimas horas y llegó a perder el conocimiento en varias oportunidades. El año pasado se le diagnosticó un cáncer de páncreas y especialistas en Nueva York se lo extirparon, pero el cantante no consiguió restablecerse por completo. Desde entonces vivió retirado en Módena con su segunda esposa Nicoletta Mantovani y la hija de ambos, Alice.


Pavarotti, considerado uno de los grandes tenores de la ópera mundial, ya había sufrido en años anteriores varios problemas de salud, que en diversas oportunidades lo habían obligado a cancelar sus presentaciones. El cantante ópera murió a las 5 de la mañana de hoy (medianoche del miércoles en la Argentina) después de que los medios italianos difundieran ayer su agradecimiento por el Premio Excelencia en la Cultura de Italia que le concedió el gobierno italiano y que, según declaró, “celebra la magia de una vida dedicada al arte”.


La muerte de Pavarotti deja a la lírica sin una de las voces que la popularizó gracias a un estilo que arrasó con las fronteras entre lo académico y lo popular.
El tenor, nacido en Módena el 12 de octubre de 1935, heredó de su padre panadero el amor por la música que despuntaba en un coro local y asistió de niño a la Scuola Magistrale, en donde después de graduarse impartió clases de primaria.
Luego dio sus primeros pasos dentro del mundo de la música en el coro del teatro de la Comuna en Módena y en la Coral de Gioacchino Rossini. En 1955 comienza sus estudios de canto con Arrigo Polo y posteriormente se traslada a Mantua, para tomar clases con el profesor Ettore Campogalliani.
En 1961 ganó el Concurso Internazionale de Opera en donde realizó su primera ejecución profesional de una ópera completa con “La Bohéme”, de Giáccomo Puccini. Su buen desempeño le posibilitó pasar al teatro Massimo de Palermo y de allí, en 1963, a la escena internacional con actuaciones en Amsterdam, Viena, Zurich y Londres.
Para el año 1965, debuta en Estados Unidos junto a la conocida soprano Joan Sutherland en una producción de Lucia di Lammermoor, primera de una larga historia conjunta, que con “La Bohéme” en La Scala, San Francisco y Nueva York, conquistó el corazón de cientos de admiradores en todo el mundo. Un año más tarde interpreta a Tonio en “La Fille du Régiment” y se consolida internacionalmente al participar en el teatro Convent Garden, en Londres, donde se le concede el título de “Rey de la Octava Do”.
En la medida que su voz se oscureció y creció, interpretó a Mauricio, Ernani, Radamés, Calaf, y en 1992, Otello, el rol más importante y difícil en la carrera de este cantante lírico.
Desde entonces, su ascenso lo convirtió en el tenor más nombrado desde Caruso y a su labor lírica le sumó el registro de canciones napolitanas e italianas y varias interpretaciones en vivo junto a cantantes de la talla de Sting, Bryan Adams y el vocalista de los U2, Bono.
En esa ruta popular se unió a sus pares y amigos José Carreras y Plácido Domingo para una larga serie de conciertos multitudinarios en que se destacaron los de Roma (1991) y Los Angeles (1994).

NESSUN DORMA... (www.youtube.com/watch?v=VATmgtmR5o4)

Un poco de Drexler 2

las lágrimas van al cielo
y vuelven a tus ojos desde el mar
el tiempo se va, se va y no vuelve
y tu corazón va a sanar
va a sanar
va a sanar

la tierra parece estar quieta
y el sol parece girar
y aunque parezca mentira
tu corazón va a sanar
va a sanar
va a sanar
y va a volver a quebrarse
mientras le toque pulsar

y nadie sabe por qué un día el amor nace
ni sabe nadie por qué muere el amor un día
nadie nace sabiendo, nace sabiendo
que morir, también es ley de vida

así como cuando enfríe
van a volver a pasar
los pájaros, en bandadas
tu corazón va a sanar
va a sanar
va a sanar

y volverás a esperanzarte
y luego a desesperar
y cuando menos lo esperes
tu corazón va a sanar
va a sanar
va a sanar
y va a volver a quebrarse
mientras le toque pulsar

y nadie sabe por qué un día el amor nace
ni sabe nadie por qué muere el amor un día
nadie nace sabiendo, nace sabiendo
que morir, también es ley de vida
también es ley de vida

Calle melancolía

Como quien viaja a lomos de una yegua sombría
por la ciudad camino, no preguntéis adonde
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden

Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto

Ya el campo estará verde. Debe ser primavera
Cruza por mi mirada un tren interminable
El barrio donde habito no es ninguna pradera
Desolado paisaje de antenas y de cables

Vivo en el numero 7, calle melancolía
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
En la escalera me siento a silbar mi melodía

Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido
que viene de la noche y va a ninguna parte
así mis pies descienden la cuesta del olvido
fatigados de tanto, andar sin encontrarte

Luego de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama,
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama

Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse. Soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras
Si quieres encontrarme ya sabes donde estoy

Vivo en el numero 7, calle melancolía
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
En la escalera me siento a silbar mi melodía

Joaquín Sabina
(y un poquito yo)

A 3 años
un mes
13 días
23 horas
y
11 minutos
de la alegría

La conclusión

Para ser feliz y que no te caguen ni se aprovechen de vos, tenés que ser un egoísta calculador, medir lo que decís y lo que hacés, nunca dar de más ni dar sin pedir algo a cambio, y ser un desalmado hijo de puta.

Un cuento

Ana despertó y había vuelto a tener cinco años. Sus pies, envueltos en soquetes con puntilla blanca y zapatitos negros con botón, se balanceaban a una enorme distancia del piso. Sus manitos chiquitas, gorditas, sobre el regazo. Y frente a ella, una muñeca. Ana pensó que la cocina era muy grande. Bajó de la silla y fue a buscar un vaso. La alacena le quedaba demasiado alta... De pronto, por la puerta, apareció su abuela. Alta. Segura. Dulce. Le tomó la manito y le preguntó qué quería. Ana la miró y ahí se dio cuenta. Corrió al comedor. Corrió a su habitación. Corrió y corrió. Ana era chiquita de nuevo.

Y pudo volver a sentir todo eso. Supo que podía volver a hacerlo. Las manos de mamá y papá, grandes y seguras, en sus manos. La cama grande a la madrugada, durmiendo entre ellos, cuando estaba enferma. Ver por las rendijas de su ventana las luces de la autopista, gigante, lejana, durante la noche.

Y Ana supo que podía volver a abrir un paquete con verdadera ilusión. Tomar un helado y que fuera algo grandioso. Jugar a la pelota con las mejillas rojas por el calor, un domingo a la mañana, y después volver a casa a comer la comida de mamá. Y supo que alguien siempre iba a protegerla, aun en la más tenebrosa de las tormentas.

Perderse en una casa de muñecas. Dibujar con muchos colores, soñar con naves espaciales. Agarrar esos gigantescos libros de la biblioteca, llenos de letras incomprensibles, e inventar su contenido.

Sentirse segura, en la cama, de noche, con un beso en la frente. Hablar con sus muñecas. Andar en bicicleta con rueditas. Cantar las canciones del jardín.

Eso no era la vida que ahora conocía. Eso era pureza. Si pudiera volver... pensaba. Y había vuelto. Corría por la casa, la casa gigante, volaba como un pajarito fuera de la jaula.

Háganme upa pensó. Quiéranme mucho. La inocencia la atravesaba como una daga maravillosa, los fantasmas se habían borrado. Ana era feliz de nuevo, pero más que antes, como quien encuentra un preciado tesoro que había creido perdido.

Sus ángeles de la guarda la acompañaban de nuevo. Ya no tenía que pensar, ni decidir, ya no tenía que mentir ni especular. Ana corría y el vientito le despeinaba los bucles. Ana corría y sus pasitos se escuchaban con un eco nuevo, sin tacos, sin sombra.

Su forma de mujer la había abandonado. Ana tenía cuerpo de muñeca. El dolor ya no estaba, su pecho respiraba un aire nuevo, completamente dulce.

La pasta de almendras, el olor de los guisos, los dibujitos animados, los crayones, los osos de peluche. Todo se mezclaba en sus sentidos en una combinación maravillosa. Los mimos de las abuelas, la sonrisa de papá. Otra vez.

Y todo, todo, todo mientras corría. Corría para no volver a dormirse, para no volver a despertarse. Corría con el cuerpo suelto, como corren los chicos, sin ataduras, sin temores.

Y Ana fue feliz. Otra vez. Y un remolino de colores la envolvió en un segundo, llevándola definitivamente a un estado delicioso y desconocido.

Cuando Ana despertó, había vuelto a ser una mujer. El sol y el frío de agosto se colaban entre las rendijas de la ventana, peleando por un lugar en aquella habitación en penumbras. Estiró los brazos, que habían vuelto a ser largos. Se miró los pies, sin zapatitos con botones.
En ese instante, pequeñas gotas empezaron a rodar por la frazada, hacia el suelo.
La honda tristeza había vuelto, y lo inundaba todo, lo tomaba todo, sin reparos, en un diluvio que estaba empezando a rebalsar la cama.